Fito cantó ante un escenario histórico de Cataluña

Posteado el 05/09/2026

Fito Paez ofreció el último jueves una noche inolvidable en el Palau de la Música Catalana de Barcelona, a sala llena y un público que terminó de pie, ovacionándolo durante varios minutos. Solo frente al piano, el músico argentino desplegó una versión íntima, cercana y profundamente emocional de algunas de las canciones más importantes de su trayectoria.

El escenario elegido fue parte esencial de la experiencia. El Palau de la Música Catalana , obra maestra del arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner, construido entre 1905 y 1908 y declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, volvió a confirmar por qué es uno de los espacios musicales más extraordinarios del mundo. Bajo su espectacular lucernario central y rodeado por las musas, las flores y los elementos de la naturaleza que caracterizan la sala, el piano de Fito encontró un marco excepcional.

Vestido elegantemente de verde, Paez apareció solo ante el público y comenzó a construir, canción a canción, un concierto basado en la fuerza de la interpretación y en la relación directa con quienes habían llenado la sala. Sin banda, sin distancia y sin más artificios que su voz y su piano, recorrió distintas épocas de su obra, alternando momentos de enorme intensidad con otros de humor, complicidad y conversación con el público.

La conexión se volvió especialmente palpable cuando Fito propuso un “pequeño ejercicio místico”. Después de tocar apenas unos acordes de “Lo que llevas ahí” y engancharlo con “Bello Abril”, Fito invitó a toda la sala a cantar el estribillo de “El amor después del amor” a capela. Cientos de voces llenaron entonces el Palau, transformando la célebre sala de conciertos en un espacio de comunión colectiva. La escena resumió el espíritu de una noche en la que la música parecía dialogar directamente con la arquitectura.

El repertorio recorrió clásicos como “11 y 6”, “Tumbas de la gloria” y “Dar es dar” , una versión del tango “Los mareados”, y una sentida interpretación de “Zamba del cielo”. También hubo lugar para “Pétalo de sal”, “El fantasma de Canterville”, “La despedida”, “La rueda mágica”, “Detrás del muro de los lamentos”, “Brillante sobre el mic”, “Llueve sobre mojado” y “Ciudad de pobres corazones”. Cada canción adquirió una nueva dimensión en el formato de piano solo, dejando al descubierto la riqueza melódica y emocional de un repertorio que continúa atravesando generaciones.