La Conmebol demostró la desastrosa organización en la final de la Copa América. El arranque del partido tuvo que demorarse más de una hora por una serie de importantes incidentes entre la seguridad y los hinchas que quisieron ingresar al Hard Rock Stadium de Miami sin entradas lo que determinó el cierre de todas las puertas y muchos hinchas descompensados que tuvieron que ser asistidos. Los inconvenientes en los accesos dejaron unas conmovedoras imágenes que muestras la gravedad de lo sucedido en los Estados Unidos.
La cámara de TyC Sports, que estuvo todo el tiempo mostrando lo que sucedía en las afueras del estadio, enfocó a varios simpatizantes argentinos con irritación de los ojos, producto del gas lacrimógeno que lanzaron los organismos para dispersar el tumulto, y con golpes en el cuerpo. Lo más impresionante fue el testimonio de un niño que confesó, entre lágrimas, que "le habían pegado codazos en el pecho". Lo más crudo de todo es que su padre argumentaba que, como indica la ley, tenían entradas.
Los familiares de los jugadores de la Selección Argentina no quedaron ajenos a los disturbios producidos en las inmediaciones del estadio. Los parientes de Alexis Mac Allister manifestaron su descontento en la pantalla de TyC Sports y alegaron que el cotejo no deberían jugarse después de todo lo que sucedió. Sin embargo, la Conmebol confirmó minutos antes de las 21:45 horas que las familias de los futbolistas de la Scaloneta pudieron acomodarse dentro del recinto y se alejaron del conflicto.
Además, el hermano de Alejandro Garnacho posteó en sus redes sociales que la seguridad del seleccionado nacional debió salir a buscarlos para evitar que siguieran en los incidentes.
Emiliano Martínez, Gerónimo Rulli y Franco Armani, que habían salido a realizar los movimientos precompetitivos, decidieron retirarse al banco de los suplentes luego de escuchar el comunicado oficial de la Conmebol, que anunciaba que el pitazo inicial del brasileño Raphael Claus se iba a demorar por 45 minutos más.