En tiempos críticos donde tradiciones y pertenencias naufragan entre el desván y la añoranza fanática, Chango Spasiuk hace de su regreso al máximo coliseo argentino una celebración capaz de mostrar las maneras en que durante tres décadas y media ha seguido transitando nuevas y audaces posibilidades para una música que reconoce sus raíces sin dejarse amedrentar por las barreras.
La vuelta del compositor y acordeonista misionero al Colón será, por tanto, la reafirmación de un camino pensado como un devenir hacia el horizonte, como la decisión de seguir andando, como el arrojo de instaurar diálogos posibles allí donde ruido o vacío anulan todo gesto.