Fue una jornada de consternación y preparación para el pueblo inglés. Desde la mañana recibieron la información de que el cuerpo médico de la monarca estaba preocupado por su golpeada salud. A los 96 años, Isabel II sabía que transitaba los últimos momentos de su reinado. Desde hace al menos 10 años comenzó a preparar los trámites y formalidades de su despedida.
A los mensajes sobre la salud de la reina le sucedieron coberturas desde el palacio de Balmoral en Escocia con una cámara fija de la BBC. Luego, los conductores fueron obligados a vestir de negro pese a no haber dado todavía la noticia oficial de su deceso. Seguidamente un avión blanco se posó sobre la pista del aeropuerto cercano a ese palacio, allí muchos advirtieron que el operativo "Puente de Londres" estaba en marcha y que la Reina había muerto. Sin embargo, nadie lo pronunciaba.
Posteriormente llegó el solemne anuncio de la muerte de la reina que durante 70 años signó el destino del Reino Unido y por la consiguiente fuerza financiera y militar, de gran parte del mundo.
La mujer que no tenía pasaporte y que ingresaba en todos los países del mundo, recorrió 116 en total. La imágen ferrea de un imperio que pasa sus peores horas con un escándalo político que eyectó del cargo de primer ministro a Boris Johnson, una inflación que se multiplicó por 10 en el último año, paros y huelgas de empleados de la salud, trenes y camiones y la incertidumbre de un mundo donde Putin marca el pulso energético del continente. El Reino Unido está convulsionado ya no por la coyuntura sino por la muerte de una imágen simbólica que hasta en los peores momentos mostró una protocolar solidez indicando el futuro. Ahora le toca a Carlos III, el ex príncipe Carlos que toma el trono sin la coronación oficial que será el año que viene.