Es difícil ser original cuando se habla de Cabaret. La obra está viva. La creación de Joe Masteroff, John Kander y Fred Ebb, pertenece a esa estirpe de clásicos inapelables, que hoy retumban desde lo histórico pero también desde otras formas de la violencia, de los crímenes actuales contra la humanidad. ¿Llegamos a ver, a dimensionar, todas las atrocidades en el mundo actual? Y si las vemos, ¿qué hacemos? ¿Qué podemos hacer?
Eso es lo que empieza a observar el joven escritor estadounidense Cliff Bradshaw cuando llega a Berlín en 1929. El nazismo cobra fuerza, pero no todos son conscientes de lo que puede suceder. Y hay un cabaret. Hay un siniestro maestro de ceremonias, chicas atractivas, y una figura -Sally Bowles- de la que se enamorará.
Inmortalizado en la retina colectiva tras la célebre adaptación cinematográfica de Bob Fosse —con Liza Minnelli y Joel Grey en estado de gracia—, este musical continúa conquistando los grandes escenarios del mundo, y su actual estancia en Madrid no hace más que reafirmar su vigencia.
Tras su exitoso paso por el Teatro Albéniz, el montaje ha desplegado su magia en el Espacio Delicias, transformando una monumental carpa en un enclave cargado de atmósfera y magnetismo. El director italiano Federico Bellone —quien ya demostró su destreza en revisiones de gran formato como El fantasma de la ópera— firma una puesta en escena deslumbrante, audaz y profundamente conmovedora, inspirándose en los formatos inmersivos que han triunfado en Londres y Broadway. A este engranaje de alta precisión se le unen la dinámica coreografía de Gillian Bruce, el sobrecogedor diseño lumínico de Valerio Tiberi, la precisa dirección musical de Julio Awad y una arquitectura sonora impecable ideada por Poti Martin.
En el rol del emblemático Emcee, Mario Vaquerizo aporta una interpretación visceral que encarna todas las facetas que demanda el personaje: desde la voluptuosidad y el hedonismo desenfrenado hasta un paulatino descenso hacia las sombras, la perversión y el horror. Es el hilo conductor de la función, y Vaquerizo comprende a la perfección la naturaleza de este maestro de ceremonias para sostener el pulso dramático de la obra. Laia Prats (Sally Bowles), José Pastor (Clifford), Marta Arteta (Fraulein Kost), Ricky Merino (Ernst Ludwig), Tony River (Herr Schultz) y Patricia Clark (Fraulein Schneider) presentan trabajos de igual solidez, tanto en lo vocal como lo actoral. La orquesta, que suena maravillosamente, se conjuga a la perfección en una puesta donde nada falla, y en la que la obra no sólo resulta inmersiva en términos de puesta: lo es porque es imposible mirar para otro lado. Y no sólo hablo de teatro.
Maximiliano Legnani