Y una vez más Federico García Lorca es revolucionario... Más allá de su tierra y su tiempo, acaso será porque su tierra es Toda y su tiempo infinito... Acaso porque el pendular "Deja Vú" de la humanidad resucita autoritarismos que urgen oxigenar la poética de Federico... Vaya uno a saber...
Lo cierto es que en una pequeña sala del centro porteño se produce el milagro... Caracoles pensando en la Vida eterna, hormigas anhelando estrellas, Federico interpelando un siglo atrás al teatro y señalando que nunca deberían convertirse en un comercio para que los pueblos no se extingan.
Osmar Nuñez habita tiernamente textos indispensables de Lorca que al momento de abrir un libro como en el apagón previo a la función, inicia un ritual en el que es imposible estar indiferente. El actor encarna a Federico y sus personajes, los vuelve a la vida... o ¿acaso nunca pudieron matarlos?
Una pequeña e inmensa perla de 50 minutos para ver en la cartelera porteña.