“La gente se sorprende cuando lo admito, pero es así: me llamaba la fama. Y el dinero, y las mujeres. Quería mis portadas de revistas, soñaba con ver mi nombre en carteles gigantes” responde Kevin Bacon a una nota exclusiva a EL PAIS con Irene Montero.
Y continúa sobre su cambio de mirada sobre la carrera: Lógicamente, aún quería seguir siendo famoso, eso no lo escondo, pero me enganché a la interpretación desde un punto de vista creativo. De repente, mi sueño se transformó en ser buen actor, simplemente. Me di cuenta de que ni yo era muy bueno ni la fama era fácil, así que iba a tener que trabajar a destajo para lograrlo. El éxito pasó a ser algo secundario”.
Sobre la fama y el éxito dijo: “No me gustó nada. No hay forma de describir la fama, ni toda esa atención, a alguien que no lo haya experimentado. No es solo el hecho de que todo el mundo te conozca, es algo distinto. Una pesadilla”.
“No sé, me rebelé contra aquello, quizá no estaba preparado aún, aunque ya tenía 24 años. Creo que en parte era por los nombres que me inspiraban, aquellos iconos de los setenta. Footloose era una peli pop de los ochenta, no era cine de Oscar, sino lo más frívolo entre lo frívolo. También había algo de ingenuidad por mi parte en todo esto, porque si participas en algo que acaba formando parte del zeitgeist, de la cultura popular, más vale aceptarlo. Siempre puedes colgarte la medallita más adelante. No me arrepiento de haberlo rechazado todo… Es parte del proceso, de todo se aprende”.
Nota Completa:
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