TERMINAL DE RETIRO: EL ESPANTO EN PLENO CENTRO PORTEÑO - FUERA DEL SHOW

La terminal de ómnibus de Retiro es un insulto en la cara de la ciudadanía que en verano cobra mayor dimensión cuando gran parte de la población emprende un viaje desde la ciudad capital de la república.

Llegar ya resulta una tarea inquietante salvo que el pasajero cuente con algunos pesos para arribar en taxi a la Terminal de Retiro que además es concentradora de la mayor parte de los viajes que vienen desde todos los puntos del país y del exterior.

La primera mala impresión que uno se lleva es si necesita pasar por un baño: media luz de tubos rotos, mugre al por mayor, olores nauseabundos, falta de ventilación e higiene y hasta mingitorios partidos y perdidas de agua. De allí el pasajero sale propulsado con la única intensión de esperar el micro y saciar sus necesidades en el baño a bordo.

Luego, enterarse de la salida del micro es casi un milagro, conviene consultar en la ventanilla de la empresa debido a que todos los carteles informativos están plantados y no reflejan el intenso movimiento de ómnibus de la terminal. En igual situación están los plasmas pequeños en donde se ven salidas de las 2 hs previas pero no las que están ocurriendo en el momento.

Por la noche la inseguridad se torna más presente y los pasajeros se agrupan en el sector más próximo a la salida del edificio donde hay consignas, accediendo a las plataformas más distantes sólo en el momento de tomar el colectivo.

La higiene e iluminación parecen no existir en una terminal de ómnibus que recauda millones de pesos con la anuencia de un estado que no la controla desde hace años y bajo el mismo signo político en la ciudad autónoma de Buenos Aires.

Los curiosos "tachos" de basura no son producto de un concurso de "emprendedores" o diseñadores como por momentos el marketing político nos promete en estas horas. No, son solamente tachos de combustible, en algunos casos pintados de negro con bolsas de consorcio. Ni que hablar el palomar que se instaló en la senda exterior.

Por si fuese poco, el descontrol edilicio del Barrio 31 en los últimos 5 años llegó hasta internarse dentro de la terminal. Lo que eran los viejos playones de ómnibus fueron desplazados por los ocupantes del barrio de emergencia y construyeron edificios de hasta 4 pisos. Ante la ausencia del estado durante años, ahora como respuesta lo único que se ve son grandes carteles publicitarios que intentan tapar esa realidad con marcas de fantasía. Sin embargo en las fotos pueden ver que la realidad rebalsa la vista e inunda el marketing con que intentan ocultarla.

Las salas de pre embarque son sólo mascaradas escenográficas debido a que nadie controla y que sus puertas de entrada y salida están permanentemente abiertas permitiendo el ingreso de desconocidos.

Por otro lado son curiosos los carteles que invitan a los pasajeros a tomar remises "oficiales" de la terminal para evitar ser robados por los taxistas. Estos carteles desnudan que seguiría existiendo una "mafia de los taxis" o que los remises tendrían el precio adecuados. MENTIRA! Un taxi tomado desde la terminal hasta Palermo me costó 96 pesos y al consultar el precio del Remis, sin dudarlo el encargado del puesto me dijo $220.- (dándole dirección exacta de mi destino).

Retiro depende de la empresa "Terminales Terrestres", es desidia y abandono, es negligencia y negociado. La terminal más importante del país parece una zona liberada, gris, oscura y triste desde donde parten millones de personas por año ilusionadas con su descanso o el reencuentro con sus seres queridos. Penoso.