"SAGRADO BOSQUE DE MONSTRUOS" - CRITICA

Desde la década del 60 y tras los apasionados comentarios de Roberto Villanueva sobre su figura, obra y legado la sigue, la atraviesa, e interpela a Marilú Marini.

Fue recién en "Todas las canciones de amor" dirigida por Alejandro Tantanián y escrita por Santiago Loza que Marini les confesó a sus compañeros estas imágenes, estas palabras, estos impulsos entre divinos y profanos de una vida milagrosa en su sentido más amplio.

La tríada creativa aún sin confirmarlo, sabría que lo realizarían juntos en algún tiempo... y AHORA es el momento.

"Sagrado bosque de Monstruos"
es una experiencia que supera lo teatral, inabarcable como la obra y mensaje de la santa católica nacida judía que casi dada por muerta puso su fuerza en la oración y en hacer un libro vivo de su vida impulsando a quienes la siguieran a no conformarse con el mustio dogma o la palabra vacía.

Teresa buscó un convento como forma de acceso a los libros y de escape a la carcel matrimonial de ese tiempo, donde los deseos, impulsos y creatividad de las mujeres lo determinaban las decisiones de hombres. Tan tanática como amante de la vida, tan divina como profana, tan terrenal y celestial a la vez. Su contradicción es la de toda una humanidad que busca sentido en la razón o se deja llevar por mareas de emociones. Teresa no juzga, impulsa, quiere que la vida sea VIVA y los días TESOROS.

Marilú Marini es una alquimista laica, sacerdotisa teatral que supera a su tiempo, una intérprete "acontecimiento" como la define Loza que esté donde esté, imprime su sello, su magia, su mirada... Una mirada que permite ingresar al espectador y perderse con ella y en ella. Difícil es definirla, y a Marilú, intuyo, no hay nada que le parezca más aburrido que las definiciones solemnes y estructurada. Marilú se pone al servicio de su personaje, y Teresa ingresa a ella para decirnos que su mensaje es VANGUARDIA hoy.

Tantanián interpreta esta mirada sobre Teresa de su protagonista que la fusiona con la irreverencia de sus recuerdos del Di Tella y pone al Teatro Cervantes a favor de la vida, lo despega, lo hace arcilla, lo hace leño, lo hace brisa... Junto a Loza y su brillante dramaturgia logran uno de los eventos imprescindibles de este año y una verdadera misa teatral donde no importa que religión se profese o si uno es agnóstico. Ese chispazo hierofánico atraviesa a la platea, eleva las mentes y deja inundado de mágicos conceptos nuestra mirada de la siempre extraña y contradictoria condición humana y su devenir en la tierra.

Luis Bremer