MARTHA ARGERICH: "ESA MUJER QUE ROZA LO DIVINO" - CRITICA

"El concierto que ofrecieron Martha Argerich, Daniel Barenboim y la West-Eastern Divan Orchestra en el Teatro Colón fue, una vez más, antológico.

Barenboim dirigió dos obras de Maurice Ravel (“La tumba de Couperin” y “Suite de ‘Mi madre la loca'”) que envolvieron el Concierto #1 para piano, trompeta y orquesta de Shostakovich, que ejecutó Argerich. Las obras de Ravel, dirigidas con una sutileza y precisión admirables, aportaron belleza en la previa y en el después de uno de los momentos más inolvidables del Festival Barenboim de los últimos años.

Martha Argerich, se sabe, es una de las pianistas más importantes del mundo (la Deuetsche Grammophon la llamó “La reina del piano”), y ha ofrecido interpretaciones memorables de Beethoven y Liszt en los últimos años. Como bien dice Margarita Pollini en Ámbito Financiero, esta fue una de sus mejores hazañas artísticas. Argerich entregó una clase magistral a través de una obra que conmovió al público con sus pianísimos y envolvió en vorágine a la audiencia con su trepidante tercer movimiento.

La noche terminó con Tres piezas para orquesta, de Alban Berg, una obra más contemporánea que las otras programadas, que sin embargo fue sumamente atractiva. Pocos directores pueden presentar ese repertorio y contar con el aval del muy exigente público del Teatro Colón.

El gran director que es Barenboim puede con eso y con cada impronta musical que se le presente (el año que viene dirigirá aquí a la Staatskapelle en “Tristán e Isolda”), incluso seguir acompañando a una no tan lejana amiga, esa mujer que roza lo divino, que camina como una niña, y que crea en cada una de sus interpretaciones, no sólo una versión distinta de la partitura, sino también, la posibilidad infinita del genio, verdadera identidad de su Ser."

Colaboración periodística Maxi Legnani
Twitter @maxilegnani