JUANITA DEBATE NACIONAL - OTRA MIRADA

Campeones de los extremos y las polarizaciones, muchos compatriotas se pusieron con los nervios de punta ante el debate en cadena nacional por la foto de Juanita Viale y el ex ministro de economía Martín Lousteau.

El tema se instaló en cadena nacional y sería absurdo negar el interés periodístico lógico que tuvo como primicia. Ambos personajes públicos, ambos con compromisos afectivos en una cercanía inusual y con un agravante para algunas miradas machistas: el embarazo de ella.

Digo agravante porque en la construcción cultural machista se supone que el deseo de maternindad va de la mano con el "instinto maternal" y la casi transformación de una mujer en un ente sacrosanto alejado de los mundanales deseos y pulsiones.

Más allá de la situación desprolija e irregular para dos personajes públicos que deberían comprender que la calle es un sitio de libre acceso para la prensa y en ese sentido preservar las formas los alejaría de una exposición indeseada: ¿que se desprendió en los diferentes planteos periodísticos?

Los prejuicios y juicios de valor sin respeto por la identidad de género ejercidas tanto por hombres como mujeres dejaron al desnudo la doble moral o la moralina de comadrona de barrio de muchos.

Juanita o la mujer que fuere, no pertenece al hombre que concibe junto a ella un hijo y más allá de las opiniones personales, merece ejercer su libertar a su gusto con su costo y consecuencias.

Aunque las reglas morales nos hablan desde el cristianismo de la abnegación de por vida de una madre en función de su hijo (imágen bíblica de María y Jesús), sería interesante entender que la vida afectiva de una madre no lastima a su hijo, en tanto y en cuanto lo "Ame, lo cuide, lo alimente, lo aloje en su corazón y acompañe su crecimiento".

Insisto en que es entendible en nuestro marco cultural tener discrepancias con las decisiones personales de una figura pública.

Fue imprecisa e inexacta en algunos segmentos la defensa apasionada de su madre en el programa de Gonzalez Oro, acusando por demás a la prensa y aludiendo que estas actitudes le recordaban las páginas más oscuras del país.

Ahora bien, es preciso entender que este debate puede ser enriquecedor si comprendemos que: satanizar a Juanita es lastimar los derechos individuales de las mujeres. ¿Por qué?

Porque sostener, por postura políticamente correcta, el "deber ser" de una mujer comprometida (no del hombre, escuche a muy pocos hablar de la actitud de Lousteau), naturalizando la ausencia de líbido que "debe" haber en una mujer gestando un hijo, pensando que le debe proveer a este ser su felicidad a través del sostenimiento de una pareja sin conocer internas del vínculo, es cosificarla y pretender que haga lo que se pretende de ella.

La mirada social sobre este tema es distinta si se trata de un hombre o una mujer. La cultura somete a través de sutiles comentarios dichos de "buena fe" y para sostener las "buenas costumbres", más a las mujeres que a los hombres.

La vida afectiva de los seres humanos es un paradigma que cada uno construye con su vivencia, deseos y sistema de creencias. "Encajonarla" en lo que los demás desean de uno, sería dejar de vivir siendo artífices de nuestros destinos.

La situación que vivió Juanita obviamente es dolorosa por su desprolijidad para ella y su entorno. La amplificación que por lógica tuvo en todos los medios, es lo que hizo un escarnio de un hecho privado que no le sucede sólo a ella.

Permitámonos pensar más allá de las formas, no para justificarla sino para poder crecer como personas entendiendo que la libertad se pone en juego cuando hacemos espacio al folclore machista en pequeñas palabras que encubren grandes intereses.

Luis Bremer