INES ESTEVEZ, GONZALEZ ORO Y MATILDA BLANCO ASALTADOS EN BUENOS AIRES

La inseguridad se hizo sentir la semana pasada entre los integrantes del mundo del espectáculo y el periodismo. La asesora de imágen Matilda Blanco fue asaltada por una mujer y su hija en la puerta de su casa en Villa del Parque, en tanto que el periodista Oscar González Oro fue atacado a la salida de un bar en Recoleta donde se encontraba haciendo una reunión de producción y luego de ahorcarlo, los delincuentes le sustrayeron un importante reloj importado.

Por último, Inés Estevez fue abordada anoche antes de ingresar a su casa en el barrio de Colegiales y se tironeó con dos menores que le robaron sus pertenencias.

Luego del incidente, la actriz relató en las redes sociales:

"Anoche mis piernas decidieron volver hasta casa caminando desde Palermo. Solía ser una práctica habitual hace unos cuantísimos años, eso de caminar a paso vivo por las noches cuando Buenos Aires se pone aireada en verano. El caso es que estando cercana a una perpendicular a Álvarez Thomas, (no puedo discernir cuál) salieron de la más absoluta nada dos pibitos."

"Cuando digo pibitos digo pibitos. Quienes, evidentemente puestos de acuerdo de antemano, se dedicaron, uno, a tironear la cartera que llevaba al hombro, mientras el otro intentó un golpe duro (no acierto a dilucidar con qué, no era un arma) a la altura del estómago. Venía yo -por describirlo de algún modo- en un estado emocional intenso similar al de una hembra de alguna especie felina en alerta, lo cual me hizo presentir el ataque, esquivar la contundencia del golpe y aferrarme a la cartera con ambas manos, y por obra de algo que intentó uno de ellos con un pie contra el mío, me sorprendí girando como un trompo, la cartera tomada de las manijas, en ristre, cual Linda Carter, ciega de rabia por el atropello y pena por la desprotección, dando mazazos a cualquier elemento sólido que pudiera acercarse a un metro de distancia de ese molinete humano en el que me convertí por lo que deben haber sido unos segundos. Al cabo de los cuales los chiquitos estos se dieron a la fuga."

Y continuó: "Levanté las pocas cosas que cayeron de la cartera, entre las cuales figuraban las toallitas de limpiar las colas de mis hijas (Cielo y Vida), me soplé el flequillo con impotencia, me toqué el cuerpo para comprobar que no había recibido herida alguna, alcé el mentón, y algo dolorida retomé mi marcha a paso vivo hacia mi casa. Cuando llegué mis hijas dormían plácidas. Me llamaron la atención dos cosas: una, que todo el episodio había transcurrido en el más absoluto silencio, ni ellos ni yo proferimos sonido alguno; la otra, que una vez en casa, sentada al borde de la cama de mi hija mayor, lloré como una nena, pensando que dentro de 5 o 6 años tendrán la edad de esos chicos con los que tuve que boxear para defenderme de no se sabe qué. Me duele un poco un pie, bastante el estómago, y mucho, mucho, el mundo".