"CIRCO SERVIAN" - CRITICA

Hay un espacio onírico y real donde la belleza busca formas, recorre sonidos e indaga estéticas en múltiples planos: el circo "Servián".

Definir este verdadero "gran show" como un espectáculo solamente de circo es limitar su alcance. La estética circense es tomada como base a superar sus márgenes desde la identidad de su historia.

Una familia señera en este género (Servián) invita nuevamente a descubrir su encanto con una apuesta que triplica la producción del año pasado en realización, música original, vestuario, iluminación y maquillaje.

Un clown increíble (Emiliano) que maneja su energía y la expande haciendo que uno no pueda quitar la vista de sus ocurrencias y juegos con el público. De una plataforma surgen contorsionistas desde 7 a 27 años que como un caleidoscopio desenlazan formas armónicas de sutil encanto y verdadera destreza física.

Luego se suceden los trapecistas que superan el riesgo a fuerza de trabajo y certeza muscular, acróbatas con un cuadro trabajado en distintas dimensiones con inclusión de danza aérea. Una poética instalación de aqua-dance que hace lucir a su creador (Flavio Mendoza) dejándonos con ganas de verlo en más cuadros. Equilibristas en soga y estructuras (como un atractivo árbol seco que gira sobre su eje mantienen nuestra respiración detenida por largos segundos.

La iluminación como el maquillaje y vestuario merecen un capítulo extenso pero no deseo caer en un tecnisismo que de igual forma el público valorará por su calidad al presenciar este viaje a la "belleza".

Al salir de la carpa instalada en Vicente López en un calida tarde de invierno porteño sólo me sale repetir aquellos versos de Keats:

"La belleza es verdad, y la verdad, belleza. Eso es todo lo que sabes en este mundo, y todo lo que necesitás saber."

Hoy viví un momento pleno de "verdad" que se manifestó con absoluta "belleza".

Altamente recomendable.

Luis Bremer