CAPOCOMICOS, RISAS QUE LLORAN Y DEMAS... - FILOSOFIA DE ASCENSOR

En una de sus últimas notas, el gran capocómico Pepitito Marrone contó el origen de su legendario remate humorístico: "Cheeee!!!"

Corrían las primeras décadas del Siglo XX y su madre tenía una niña a su cuidado a la que hacía rebotar de los cachetazos contra la pared... "Erán épocas donde se golpeaba a los niños" aclaraba en tono bajo, como con vergüenza o suplicando disculpa por el honestismo brutal.... El tema es que cada vez que su madre "sacudía" a la nena, la pequeña en tono indignado la miraba en cada cachetada y la increpaba diciéndole: "CHE?!?!?!?!".

Corrieron los años y asistió con su pareja y amante eterna, Juanita Martinez a la guardia de un hospital y el médico diagnosticó que le aplicara una inmensa inyección. El doctor con gesto adusto le dijo: "Sabe donde aplicarle una de estas vacunas de.... (recitando un nombre técnico-químico impronunciable)"?" Y en ese momento sin pensarlo, Pepitito que era muy impresionable con las cuestiones médicas dijo un sufriente "Cheeeeee.....". Y allí se produjo la magia... Todos los pacientes que estaban en la sala de espera dejaron sus dolores de lado para empezar a reirse a carcajadas. Marrone los miró y pidió al médico repetir el "pie de parlamento" y la risa estalló una vez más a todo galope superando los dolores de los pacientes de esa triste sala de hospital.

Varias lecciones me quedaron de esta mínima historia. Una de ellas es que probablemente la mayoría de los capocómicos de origen muy humilde, transformaron sus vivencias con una alquimia que permitió tanto a ellos como a su público tomarse el recreo de la dolorosa solemnidad cotidiana y sanar hasta las heridas más íntimas y profundas.

Y también, que ese "Cheeee" indignado, que le gritaba la criada a su mamá como reclamo de pausa a tanta violencia devino en una súplica humorística del gran Marrone... Como pidiendo disculpas por su madre, como pidiendo al médico que también 'Pare' con lo que le estaba pidiendo... Y el público rio despatarradamente, como pidiendo a sus realidades que PAREN de asestarle generalmente golpes y le de una caricia con la mano sanadora de la RISA.

Pensaba en la RISA, en su origen, su efecto y ese código mágico al que el cómico llega sin estrategia, ni cálculo... Ese momento en que toda una sociedad toma al cómico como interlocutor válido para pedir que PAREN los golpes de ayer y hoy, en sus vulnerables vidas, e irrumpa el fresco torbellino del humor que oxigena sus existencias, calma sus tristezas y los funde a todos como en una misa... Sin ostias y con mucho de "divino".

Autor: Luis Bremer