"¿QUE HACEMOS CON WALTER?"

por: 
Luis Bremer

Una reunión de consorcio casi puede establecer un recorte de la sociedad en su manera más brutal. Indiferencia de quienes ni se acercan, intencionalidades, discriminación, agresiones y cinismos varios confluyen en ellas habitualmente.

Llegó la hora de decidir: "¿Qué hacemos con Walter?" y un edificio del coqueto barrio de Belgrano debe tomar la decisión sobre el futuro de su encargado. Desde alli comienza a desanudarse este retrato inquietante de la identidad del ciudadano medio de Buenos Aires. Cada personaje muestra su paleta de tonalidades emocionales y descriptivas de su forma de ser, sus contradicciones, casi sin filtro y con absoluta impunidad.

La obra es tan brutal como brillante, nos impone un espejo que agiganta las figuras del espanto naturalizado, a pura risa permite la espectador digerir una gran cantidad conceptos que no podrían entenderse mejor en otro género teatral.

Cada uno de los intérpretes esta comprometido con su personaje, lo vive, lo transita y lo hace crecer. Desde la maravillosa Karina K interpretando a una locutora irritante y genuina (es rutilante el ejercicio humorístico de Karina), Miguel Angel Rodriguez en la piel de un farmacéutico que trata de generar calma en medio de un volcán (tiene el arte de llevar a la emoción más profunda en el momento exacto de la puesta), Fabio Aste en dos roles que aborda con excelencia y con dificultosa composición física que hace creíbles y entrañables, Campi como el inefable administrador (casi una alegoría del mal político acomodaticio, ineficiente y manipulador), Vicky Almeida interpretando a una vecina en crisis de pareja y atravesada por la neurótica tecnología, Araceli Dvoskin (La omisión de la Familia Coleman) como una vecina por momentos conectada y por momentos ausente (su presencia genera la tensión de lo que puede ser dicho y el guión no hace para nada obvia su presencia dándole un efecto en el momento justo), y Federico Ottone como el vecino más joven del edificio.

La escenografía cumple un rol crucial dentro de la obra y es magistral en su diseño de arte, lo hace creible y cercano. Quienes hayan paseado por las calles de Belgrano encontrarán seguramente un edificio idéntico al diseñado por Cecilia Monti.

Un guión sin rodeos de Juan José Campanella enfocado en despertar la risa genuina en esta comedia con ribetes de grotesco. Campanella además se puso al frente de una compleja y sobresaliente dirección. Esta obra será seguramente uno de los éxitos de la temporada.